¡Se acerca San Valentín!
By Diego
Nos sentimos muy identificados con esta fecha porque es el día del amor y, precisamente, Billy Elliot es una historia de Amor, con mayúsculas.
Amor por el baile, que como todos los que son de verdad requiere lucha, esfuerzo y ponerle toda la pasión para convertirlo en algo grande. Un amor que lleva a Billy a enfrentarse con convencionalismos sociales, con lo que se supone que debería ser su vida y hasta con los deseos de su padre. Un amor ciego que le hace romper barreras y superarse cada día.
Amor de hermanos, que nos pone los pelos de punta cuando el mayor, de primeras superficial y despegado, termina por mostrar todo su apoyo al pequeño de la familia, mostrando incluso sus nervios por llegar a verle a la audición más importante para él.
Amor, quizá truncado, de su amiga Debbie, que termina en traición al no ser correspondido.
Amor como no hay otro, el de la abuela, que, aunque parece ausente durante gran parte de la historia, tiene en sí misma la semilla de la pasión por el baile, y que deja claro su apoyo al pequeño Billy cuando discute con su padre con su mítico “Yo podría haber sido una gran bailarina”.
Amor de amigo, siempre presente, en el boxeo y en el ballet, comprendiendo ambos las particularidades y diferencias del otro, y aceptando todas ellas con la naturalidad de la infancia.
Amor hacia una madre que ya no está, pero que sigue viva en el corazón de Billy, y que le acompaña siempre en forma de última carta que le anima a seguir.
Amor incondicional de ese padre, que es capaz de enfrentarse a todo lo que cree y de dejar a un lado todos los problemas que sufre como minero inglés en los años 80, para apoyar a su hijo en que cumpla el sueño de su vida.
Amor en estado puro, entre personajes y hacia el baile.
¿Has pensado regalar una historia de amor para celebrar la vuestra?

